domingo, 21 de noviembre de 2010

¿SEXO O SESO?

La castidad está de moda entre los jóvenes

ESTOS JÓVENES TIENEN UN PAR DE...

Anualmente unos 5.000 jóvenes en la ciudad de Guayaquil (Ecuador) realizan la denominada Promesa de Castidad en la que se comprometen a vivir pureza y a poner todos los medios para abstenerse de las relaciones sexuales antes del matrimonio.
“Esto permite madurar en el amor, en el cuidado y la atención del otro”, señaló en aquel entonces el Pontífice “ayuda a ejercitar el autodominio, a desarrollar el respeto por el otro” elementos que se convierten en “características del verdadero amor que no busca en primer lugar la propia satisfacción ni el propio bienestar”.
Para conocer sobre los frutos que esta iniciativa ha dejado en la vida de estos jóvenes, ZENIT habló con algunos de ellos:
“Yo creo que estamos en un mundo que nos lleva a la sensualidad y nos impulsa tanto al hedonismo, que no podemos andar como si nada nos fuera a pasar”, dijo Nicolás Romero. “Por eso nuestra postura como católicos debe ser de un valiente rechazo ante todos esos males y no existe mejor forma de concretarlo que con una promesa a Dios de castidad”, aseguró este joven de 17 años.
Para María Cristina Jaramillo Almea, la fidelidad a esta promesa “nos exige a los jóvenes cultivar día a día un amor que va mas allá del placer, nos exige un amor profundo y centrado en Dios”.
Por su parte, Kristina Hjelkrem de 17 años, ve la vivencia de esta virtud como “una forma de combatir la crisis del mundo y de ser esperanza para otros jóvenes”. De otro lado, Jeffry Naranjo Samaniego, de 17 años ve en este grupo a “jóvenes que marcamos la diferencia, que somos signos de contradicción y esperanza, y me alegro de todo corazón de formar parte del cambio”.
Mayor disciplina y claridad
Oscar Henk de 16 años, dijo que vivir la castidad le ayuda a “aprender a valorarme como persona e hijo de Dios que soy”. Y compartió algunos frutos que esta práctica le ha traído: “he aprendido a llevar una actitud mucho más madura en algunos lugares como fiestas o las casas de mis amigos”.
Confesó además que la vida casta “me esta ayudando a discernir mi vocación”, ya que “mi inteligencia, voluntad, afectos y sentimientos aprendo a dominarlos y así tener un orden en mi vida, obtener aquel silencio y escuchar lo que Dios me dice cada día”.
“Dios me ha dado todo es esta vida y creo que una forma de ser correspondido con Él es vivir la castidad día a día e ir en contra de la corriente del mundo”, dice Oscar para quien el paradigma pleno de castidad es la Virgen María.
“Por eso todas las mañanas rezo un rosario y consagro mi día a la María para que me ayude a caminar por las sendas del amor, la verdad y la castidad; y así escuchar Dios, responderle, y ser santo, que es el anhelo que se encuentra en lo profundo de mi corazón”, concluyó el joven.